La dama con abrigo y carmín

La dama com abrigo carmín

Es la dueña de la calle cada vez que pasa. Surge como una presencia que no resulta inadvertida aunque su falda sea ya bien larga. Lejos de parecer débil, con firmeza sujeta su pesado abrigo con una elegancia de época y el cariño de las noches de calor en el frío.

Con paso lento atraviesa la calle, una avenida que esconde los primeros besos de la dama y hasta las lágrimas de la cita que nunca llegó. Los recuerdos que dejaron los furtivos amantes y el que de verdad se asentó en el corazón.

Poco queda en su rostro de la lozanía de la juventud, pero sus labios con arrugas no renuncian al rojo más intenso del carmín. Con temblores, o sin ellos, ella siempre se pinta al salir. No abandona el tacón aunque se tenga que apoyar firme en el bastón, porque la coquetería en todo este tiempo no se le ha hecho al fin y al cabo tan mayor.

Su mirada resulta despistada. Muchos la observan pensando que es un personaje curioso, pero lo cierto es que ella sabe que la miran y, le gusta, se siente así todavía importante. Parece abstraída y esa sensación de etérea y de no saber en dónde vive la lleva realmente donde quiere: lejos de la soledad de su cama, del silencio monacal que puede imponer una casa.

En la calle encuentra la añorada compañía. El ruido y la gente la trasladan a sus años dorados, al recuerdo del abrazo, a las veladas, con beso de despedida. Siente una nostalgia que vive en busca de momentos, a la espera de reencuentros más inciertos y de personas un tanto pasajeras.

Mientras, el espectador observa la escena y se conmueve al darse cuenta de que tras unos viejos tacones, abrigo y carmín, la señora volátil está en pijama. Una prenda que no aparece en escena por casualidad porque en verdad lo que todos desconocen es que la dama elige esta ropa cada día para que le sorprendan los sueños en cualquier parte y confiada vuelva a brillar.

Anuncios

3 pensamientos en “La dama con abrigo y carmín

  1. Maravilloso, amigas, como siempre ¡¡¡¡
    El relato de esta señora me ha recordado al personaje de Madame Bijou, que se ponía todas sus joyas y se iba a la cafetería más céntrica de París para que todo el mundo la viera, nadie sabía que apenas tenía para comer pero ella se ponía sus joyas, símbolo del status social de otro tiempo.
    Este personaje adorable que habéis creado es digno de una novela, de verdad, me encantó, la huida de la soledad, el silencio de la casa, los ruidos de la calle, y el detalle del pijama bajo el abrigo es genial.
    Enhorabuena ¡¡

  2. Pingback: Una mujer en el mundo de la informática.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s