Lirios amarillos

Lirios amarillos

Buscando un camino, para encontrarla. Perdido, dolido, desamparado me aferraba a las sábanas, a nuestros rincones, sueños, a lo que había sido nuestra vida juntos. Pero el tiempo me jugaba de nuevo una mala pasada y si tras su ausencia creí morir de dolor, ahora tenía que hacer constantes esfuerzos para recordarlo, para no llegar a olvidar.

Sentimos que el mundo nos pertenecía, bailamos al son de las promesas, de los atardeceres infinitos y de los cafés con sabor a amor. Descubrimos las posibilidades de las caricias y la complicidad no sólo de las miradas, sino del silencio entendido juntos. Siempre pensamos que todo seguiría así, que no habría un momento para el cambio. Nosotros éramos así, hasta que te tuviste que ir…

Tu partida me dejó vacío, sin corazón. Los días, noches, el calendario y estaciones… todo me parecía igual. Como si me hubiera quedado fuera del juego, como si ya no fuese mortal. Me instalé en el mundo de los recuerdos, coleccionando instantes en los que me recreaba y en los que estabas a mi lado. Volví a contar tus lunares, escuché tus cuentos dormido y sonreí con tus despistes como cuando saliste a la calle para sorprenderme en zapatillas.

Después, el tiempo y la rutina me hicieron aprender a amanecer sin ti. Del dolor pasé a la melancolía y a entender que seguía la vida. Me costó dar el paso y sé que en el fondo me ayudaste, porque siempre estuviste para darme valor. 

Tuve caídas y por ti me levanté. Me rebelé al Dios o destino que nos había separado. Y de nuevo volvía a empezar. Lo más difícil siempre era encontrarte en mis sueños y saber que a esto le llegaría una despedida: la realidad. Pero me agarré fuerte a la vida, tenía que continuar. Sin quererlo encontré ilusiones, motivos por los que avanzar y las cargas se hicieron más ligeras mientras el corazón se instalaba de nuevo en su lugar. 

No sé cómo, pero llegó un día en el que desperté ocupando tu sitio de la cama. Lloré porque no quería olvidar el dolor, no quería perderte y sentía que cada vez tenía que mirar más las fotos para recordarte al detalle. Tu olor y sonrisa se me hacían lejanos y los necesitaba sujetar para que no se me pudieran escapar. El destino cruel nos quería distanciar una vez más y cuando estaba desesperado por recordar, me encontré de frente con tus lirios amarillos. 

Tras tu partida no había habido ni un sólo día en que no los regase. Los cambiaba con ternura periódicamente para que siempre estuvieran radiantes en nuestro salón. Con tal mimo les hablaba y arreglaba, que era como si inconscientemente te cuidase a ti. En los lirios amarillos vivías tú, la flor que me faltaba pero la que nunca me dejaría olvidar.

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2 pensamientos en “Lirios amarillos

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