Los límites invisibles

Los límites invisibles

Con las manos en los bolsillos para disimular un incontrolable temor, espera. A lo lejos con paso lento, para él siempre eterno, ella llega. Ella. La dueña de todo lo que le importa. La que le descoloca por completo y la que curó sus heridas haciendo en él, éste, un amor incondicional.

Con la sonrisa eterna puesta, corre a su encuentro. Una expresión que guarda desde el día en que le conoció. Nunca una persona tan insegura llegó a dar tanta seguridad, siendo sus abrazos el refugio en cada tormenta, en cada problema. La mejor versión de un niño inocente que de nuevo se abre a amar.

A su lado él la acaricia, siente, respira y besa. Su personalidad lo inunda todo y cuando piensa que ya no puede haber nada más perfecto, se ríe y entiende por qué se ha enamorado.

Para ella, no había un reto mayor que hacerle creer de nuevo una ilusión. Con paciencia y esmero decidió recoger cada pedazo y componer un mejorado corazón. Lejos de rendirse, la conquista resultó y desde entonces ya no son dos, sino uno caminando en la misma dirección.

Un camino que iniciaron una tarde y que les llevó de la mano a recorrer los lugares más fantásticos animados por su locura y complicidad, sin la necesidad de tener que levantarse del sofá. Un amor que buscaba el silencio porque los mejores momentos se resumen en miradas y gestos, un arte en el que se hicieron verdaderos expertos. Compañeros de la vida, de los sinsabores y alegrías, del orgullo y decepción, que el destino quiso que su entrega quedase concentrada en ellos dos.

Y ahora como si el tiempo no pasase, él la espera con su temblor cada vez más cierto. Su llegada más eterna y unos nervios que acentúan una incipiente dificultad al respirar. Sin embargo ella es salud, ella es medicina y toda su vida.

Cargada de arrugas en unos ojos que antes rebosaban felicidad, ella se acerca y toma su mano. Sus piernas ya no le funcionan pero tiene motor suficiente para volar. Con él no necesita nada más. Él es su vista, su guía, el que le da alas para imaginar.

Fundidos en un abrazo se entiende lo que quiere decir el concepto de siempre y su estampa nos pellizca con emoción el corazón. Imágenes y sonidos que no requieren de traducción y una vez más el silencio, en este caso del hospital, se hace su cómplice para que ellos se puedan volver a amar sin hablar.

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