Las gafas con las que ver el amor

Las gafas con las que ver el amor

Todo comenzó con un golpe de viento, una corriente inoportuna que arrancó de los brazos de un roble a una delicada y verde hoja. Designios del destino, éste quiso que abandonase por fuerza las praderas del norte para terminar en un árido clima. Sin hacer ningún intento de oposición, porque no siempre es conveniente luchar, la pequeña hoja simplemente se dejó llevar, hasta que una muralla de rocas la frenó de su improvisada excursión.

Perdida y agotada por tan largo camino, la hoja buscó alrededor, algo que le resultara familiar, parecido a su hogar. Sin embargo en este nuevo escenario el verdor se sustituía por enormes montañas de rocas, piedras en hileras y todo ello rodeado de una eterna e inagotable arena. En este nuevo lugar el sol resultaba más insistente y agotador y la sensación de estar siempre fresca y bañada de gotas de rocío, una completa ilusión.

Intentando agarrarse a algún anhelo en su nueva situación inspeccionó el territorio y cuando creía que nunca se podría acostumbrar a esta vida, vio la planta más hermosa que nunca se hubiese imaginado. Era verde, poderosa, con brazos fuertes y estilizados que se alzaban con gracia hacia el cielo. Su flechazo fue imparable, sus ganas de acercarse, de volar, de enredarse en sus raíces… incontrolables. Tal vez fue ese momento o igual un poco más adelante, cuando se instalaron en ella unas improvisadas gafas con las que empezó a ver de otro modo su nueva realidad.

Con paciencia la contempló día tras día y su enamoramiento fue cada vez a un grado mayor. Tentada en acercarse, dejarse llevar, siempre era frenada por las rocas que sin cesar opinaban que ese amor era imposible. Lo veían como una locura peligrosa para la hoja, ¡un cactus jamás podría acariciar! Pero ella sólo quería sentir cerca a esa  insistente ilusión.

Cansada de siempre escuchar a los demás, decidió seguir lo que le dictaba su corazón y en un alarde de valor se acercó al cactus. Horrorizadas las piedras le gritaban para que frenase su carrera, pero la hoja de roble ya no escuchaba a nadie, sólo sus impulsos acompañados de certeros golpes de viento hacían todo lo demás.

Las gafas con las que ver el amor

Un instante antes de rozarle, de hablarle, se quedó a contemplarla antes de dar el paso final. Todavía era más hermosa de cerca y sin vacilar ya no dudó y corrió a su regazo, pero entonces un pincho le atravesó. El desgarro fue grande pero no le impidió insistir en su misión. Lo intentó una vez más y otra y otra… hasta que la hoja ya no tenía ningún punto de su superficie sin agujeros.

Exhausta pero con fuerza suficiente para captar su atención, le habló, le declaró su profundo amor, mientras un líquido verdoso que se sospechaba que era vida, se le escapaba entre los miles de agujeros. Lejos de obtener respuesta, el cactus orgulloso y altivo ni la miró. Era incapaz de sentir y de devolver todo ese amor y ése fue el pincho que finalmente más dentro a nuestra hoja se le clavó.

Seguramente que en ese momento se rompieron las gafas y volvió a ver la realidad, terminando esa ilusión mientras el dolor del desamor ahogaba todo lo demás. Un daño tan certero como insoportable que a la vez revelaba la única forma de amar de verdad: en la que se arriesga valiente y con las consecuencias hasta el final.


No hay locura más sensata que la de amar sin medidas

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2 pensamientos en “Las gafas con las que ver el amor

    • Muchas gracias Ana por tu lectura y comentario. Que no nos toque llevar demasiado tiempo las gafas que nos impiden ver bien la realidad, ¡Con los ojos bien abiertos! Saludos.

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