Llueve en Madrid

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Hay días grises que parece que no puedan tener luz, pero tú sabes siempre como brillar. El encanto de las calles mojadas, de la sensación de libertad, de las gotas en la cara, y de los charcos que reflejan tanta vida y colores. Sólo tú eres capaz de hacernos testigo de la vida y el movimiento que creemos inexistente en esos días. No hay mayor error que pensar que no hay luz en tu oscuridad, que no hay brillo entre tu manto de nubes y que no hay belleza suficiente en un día de lluvia.

Y es que bajo el agua eres todavía más hermosa y te echo más de menos. Los incansables paseos donde no me importaba mojarme, en los que observaba la vida pasar, en los que contemplaba a tantos enamorados bajo un paraguas compartiendo confidencias y tu indudable belleza y rincones. El brillo especial que un día nublado crea a lo largo de la Gran Vía, el olor a natural que impregna todo el Retiro o la vista más hermosa del Temblo de Debod chispeante como lo que siento por ti. Una nostalgia que a veces se hace dura, a veces tierna pero siempre presente, porque en tus calles aprendí y en tus cafeterías conocí no sólo a gente, sino a mí mismo, mientras esperaba que la tormenta pasase.

Muchas cosas sucedieron en esos días y mucho pensé en aquellas caminatas. Aprendí a quererte tal como eres, con tu ruido, tus agobios que tan enfadado a veces me ponían y que en mis días alegres me daban vida. Y cuando más quería aislarme tú siempre abrías los brazos y me acogías como haces con todos. No distingues, no juzgas, sólo ofreces lo mejor de ti para los demás y por eso te echo ahora tanto de menos.

Fuiste testigo de muchos momentos míos, de mis primeros pasos y botas de agua, cuando lo único importante era saltar sobre tus charcos y reír mientras mi madre me perseguía histérica para impedir un desenlace que en niños es inevitable. También pudiste estar presente en las salidas con los amigos, donde la noche siempre era temprana y no había ni frío ni lluvia que nos hiciera volver a casa. Tus portales plasmaron mi primer beso al que le siguieron muchos más, haciendo del paraguas el mejor celestino y esos días grises los más románticos. Fiel compañera hasta en los días más tristes, donde sin poder evitarlo dejabas tus particulares lárgrimas, para acompañarme en el dolor y de nuevo hacerme sentir en casa.

Y qué bien suena decir “mi casa” cuando se está lejos y se echa de menos. Unas raíces que no se olvidan como puedo recordar ahora tantas cosas. El café en el que esperaba todas las mañanas y que era mi refugio cuando llovía y mi fuente de inspiración cuando necesitaba esconderme un poco del mundo. Los bares que te invitan a pasar con su dosis de buen humor y fiesta a la que no se puede encontrar competencia y esa luz que pese a ser oscura en días de lluvia no apaga el color de una ciudad que desprende todo tipo de tonalidades gracias a los paraguas y reflejos que continuamente regala.

Y es que Madrid es una pura banda sonora en si misma, con momentos intensos y otros suaves y dulces. Donde el violín se intercala con un acordeón en el metro y hasta con trompetas en plena puerta del Sol. Una ciudad donde no se detiene el tiempo y siempre se puede hacer cualquier cosa, hasta la más banal y resultar del todo original. Y sólo cuando se está lejos se le hace toda la justicia que merece, impulsado tal vez por la más profunda nostalgia y los más vivos recuerdos.

Precisamente entre lo que más me duele y necesito, son sus días de lluvia donde encontré lo más bello de esta ciudad, una sensación de completa libertad que nunca después he llegado a tener. Un olor único, que ofrece un especial encanto y que lejos de hacer pensar que es desagradable para el ciudadano, es realmente compartido y valorado. Esos días en los que se siente uno menos prisionero y se nota a la naturaleza más cerca entre tanto edificio y tráfico. Y por supuesto que no obvio las dificultades que los chubascos pueden ocasionar en esta urbe, pero ahora desde lejos hasta su tráfico se extraña porque no veo en él caos sino luz y vida.

Tu imponente personalidad hace que aunque te falten muchas cosas como playa o más rascacielos, se tenga que vivir en algún momento la vida de Madrid. Porque tus defectos se convierten en virtudes cuando estás lejos y ésa es la mejor muestra de todo amor incondicional.

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2 pensamientos en “Llueve en Madrid

  1. Me encanta tu descripción de Madrid. Yo también la quiero. Como dice una gran amiga “de Madrid me gustan hasta los atascos “

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